miércoles, 3 de mayo de 2017

UNA OPORTUNIDAD MAS

No voy a escribir sobre parejas y cuantas oportunidades hay que darle a cada persona, sino la oportunidad que solemos negar a la persona más importante de nuestra vida: Nosotros mismos.  
Pensamos y repensamos darle una oportunidad a un amor que aún extrañamos o a nuestra pareja que falló, a nuestro subalterno en la oficina, al socio, etc. Pero se nos olvida darnos esa misma evaluación y prioridad a nosotros. Algunas veces parecemos enormes caracoles emocionales cargando sobre nuestros hombros el pasado, en otras ocasiones nos atan personas sin querernos soltar. En ambos casos sufrimos y sufrimos demasiado.

En la primera situación, cuando somos nosotros quienes nos negamos a soltar el pasado es básico evaluar qué es lo que nos mantiene ahí. ¿Culpa?, ¿ilusiones?, ¿venganza?, ¿esperanza?... ¿Qué es tan importante? Que detiene nuestra vida y paralizados vemos cómo queda suspendida en ese punto, pese a que hacemos y aparentemente avanzamos dentro de nosotros está la sensación de estar mal, incluso que somos castigados por lo que paso. 



Todo comienza con un listado honesto y sin anestesia de lo que sentimos y sobretodo sobre de lo que pensamos. No lo que decimos pensar, sino aquellos pensamientos que yacen en el fondo de nuestra mente, a los nos negamos a darles paso y sobretodo nos negamos a darle crédito, pero que al final son los que dirigen nuestra existencia. Reconocer es el primer paso para enfrentar y no hay nada más doloroso que ese parte del proceso, pero es liberadora. 

Como resultado tenemos que ordenar nuestras relaciones pasadas con familiares, amigos o ex parejas, eso no significa que va a ir a buscarlos y establecer un diálogo para sanar. Significa dejar claro que papel tuvieron en nuestra formación como persona, pero que ya no es lo mismo.



Producto de la relación con nuestros padres tenemos formas de ver la vida o expectativas de nosotros mismos, pero no son cárceles. Somos libres de decidir qué vida queremos. Agradezcamos su amor y aceptemos que eran personas normales con aciertos y errores que nos amaron como pudieron, no como nosotros esperábamos y/o necesitábamos. 

Con los amigos hay que aceptar que cada uno tiene su vida, nos acompañan, son nuestros hermanos del alma y muchas veces debemos entender que deben hacer sus vidas, pero no por ello dejan de amarnos. Algunos se quedan para siempre, otros estarán un tiempo y otros definitivamente nunca fueron amigos. Aprender que la amistad es un proceso de construcción que lleva tiempo, requiere demostración y saber recibir y al igual que en pareja saber aceptar que el otro no es una prolongación de mis pensamientos y sentimientos, es otro… que aporta, pero no encarcela. Y es bueno evaluarse uno como amigo: amigo no director de vida. 

En el caso de las ex parejas, la visión es menos objetiva y suele ser más llena de drama. No llenamos expectativas, no fuimos lo que el otro necesitaba, le fallamos o nos fallaron, hoy se da cuenta de muchas cosas que en aquel entonces no valoro…  la lista puede ser interminable. 

Todo eso es cierto, no somos perfectos y el aprendizaje lo da la experiencia, esa experiencia que hoy le permite ver lo inadecuado para el otro y para uno mismo. Es cierto, hay personas que merecen nuestras disculpas y más, pero hasta ahí. 



Nada se gana echando sal a la herida, el otro hizo su vida según sus decisiones. Debe darse permiso de hacer la suya. Agradezca el aprendizaje y el amor que le dieron, reitero cada quien ama como puede no como el otro espera, damos lo mejor de nosotros mismos, pero a veces eso no es suficiente. Por eso el perdón es parte de sanar, no es solamente hacia el otro, es sobre todo a uno mismo por lo que hizo, no hizo y se dejó hacer. Haga un breve recuento de los daños y asuma su parte de la responsabilidad, pero no pierda de vista que en pareja el problema siempre es de dos. 

Liberarse de la carga es parte de poder convivir funcionalmente con nuestro presente. Cuántas personas se van de nuestra vida porque no podemos aceptar su amor, por estar atados al pasado, a cuántas les pasamos la factura de lo que el otro nos hizo, y sobre todo cuánto nos negamos a ser felices porque vivimos viendo hacia atrás sin ver que esto que nos llena y nos hace feliz será la oportunidad que no debemos dejar pasar… por uno mismo, no por el otro. 



Ahora bien, la historia también tiene otro ángulo: el otro no acepta que ya no quiero estar en su vida. Aquí nos encontramos con aquellos que no necesariamente nos aman sino de formas mucho más complejas dicen amarnos, pero son dependientes o de una manera más patológica nos ven como de su propiedad. 

El amor no es un lazo, ni una cadena es una decisión de construir juntos. Obviamente cuando el amor se acaba duele, pero mantener una relación que no funciona es un fracaso, porque ver como triunfo algo que te desgasta, te produce ansiedad, inseguridad, dolor y sufrimiento. El amor es un plus en la vida de alguien, no una factura con intereses que está pagando día a día. Tener a alguien junto a nosotros por cualquier cosa que no sea su decisión es vivir permanentemente en la incertidumbre y es el camino seguro a que nos odien. Sí, que nos odien porque nos volvemos una carga o un malestar, una obligación y una frustración… quien no quería huir de algo así, o quien no se sentiría preso. El amor propio es la base de un amor funcional: me amo y me respeto, por tanto, no admitiré nada que no sea tú deseo autentico de estar conmigo. 


Cuesta aceptamos que el otro se va, creemos que nuestro mundo se derrumbará y sobretodo que no llegará nadie más, que hemos dado tanto, que el otro nos debe y ahí empieza el problema. El otro no nos debe nada, nosotros decidimos dar, amar y entregar, se agradece y se valora y en respeto a ese amor se libera. 




No es fácil aceptar que somos nosotros quien detenemos al otro en función de un cobro, pero en parte del listado objetivo que debemos hacer. Lo quiero aquí, es mío o de nadie. O bien, no tiene derecho a ser feliz después de lo que me hizo y otras cosas por el estilo. El punto es, la otra persona podrá haber hecho lo que sea que hizo, seguirá viviendo a pesar de nuestro resentimiento incluso de nuestro odio, le podemos hacer pedazos el día, pero al final solo lo alejaremos más. Quien queda atrapado en un círculo vicioso es quien no perdona y quien no suelta es quien más sale lastimado. Creemos ganar, pero al final perdemos vida. 
Recuerde que solamente usted es quien mueve las cuerdas de su vida, no es un títere en manos de otros.   Y sobre todo no pierda la perspectiva …



Y parta de una decisión de seguir adelante y para ello es importante que tome en cuenta lo siguiente PIENSA POR UN MOMENTO EN TODO LO QUE SERÍAS CAPAZ DE HACER POR LA PERSONA QUE MÁS AMAS EN EL MUNDO… AHORA, HAZ ESO POR TI




miércoles, 29 de marzo de 2017

TERMINO NUESTRO CICLO JUNTOS... Y AHORA

Estuvimos juntos el tiempo que debíamos estar juntos. El ciclo de la relación terminó.  Los motivos pueden ser tantos y muy variados (es tema de otra entrada del Blog) pero nos duele.




En el primer momento, hay reacciones diversas: algunos se aferran al pasado, otros quieren correr al futuro, el punto es huir de nuestros sentimientos y pensamientos.  

¡Sí! huir. El dolor en algunos casos llega a sentirse físicamente. Nos devasta arrasando todo alrededor, muchas veces nos aislamos en el dolor y la rabia. No escuchamos, no queremos hacerlo, las palabras de consuelo o hacernos ver que es lo que tenía que pasar nos molestan o no hieren. Queremos gritar a todos y por todo o nos hundimos en el silencio, se siente un hueco en el pecho y un enorme vacío… si es la parte que se queda enamorada o herida. No se entienden las razones y aunque nos den explicaciones no son suficientes para nosotros, de hecho hay que entender que ninguna explicación es suficiente. Que nos digan algo es menos doloroso pero no más comprensible.  

Usualmente los que se toman el tiempo de tomar la decisión y la tienen clara, no se sienten así, duele pero no devasta, se siente raro y la cotidianidad se vuelve extraña pero en definitiva se trabaja por construir algo positivo. Trabajar el duelo en la relación comenzó mucho tiempo antes para aquel que está claro que sus esfuerzos o su trabajo en pro de la relación están agotados y pese al dolor está satisfecho de lo entregado.

En ambos casos se siente dolor, pero no para los dos es sufrimiento. Cada quien se mueve a su ritmo y con sus características personales lo maneja de forma particular, pero en ambos casos se siente y duele. 

Nos han educado para sentir cada rompimiento amoroso como un fracaso, nos vemos inundados de frases: 


Es cierto, hay mucho recuerdo común, muchas ilusiones que se desvanecen, proyectos de vida truncados, etc. Pero no significa que el otro nunca nos quiso, simplemente quiere decir que ya no nos quiere.   

Con ese pensamiento o similares comienza la fase de enojo y cólera hacia el otro y hacia el mundo, cuando nos “embriaga” (si leyó bien,  embriaga) el resentimiento y la frustración. La “cacería de brujas” buscando culpables y momentos de “posible salvación” nos lleva a pensar que “NUNCA” nos amaron, que todo era mentira y que siempre hubo falsedad, eso es ser cruel con nosotros mismos e injustos con el otro. 

El proceso de “hacerse novelas en la cabeza” (de varias temporadas y variados finales) solamente nos sirve para empeorar nuestro ánimo y convertirnos en auténticas cargas para nuestras amistades e incluso para nosotros mismos.  

El amor no es eterno, para que el amor perdure debe de trabajarse en ello, decidir amar es tan importante como la “química que debe existir entre los miembros de la pareja”, sin esa combinación ninguna relación puede funcionar.  

Que el amor haya abandonado a uno o a ambos en la relación puede ser un proceso tan sutil que no vemos que ocurre, cuando lo percibimos el amor y la pasión sucumbieron ante la indiferencia, la rutina, el egoísmo, la sobre exigencia y una variada gama de problemas. 

La rabia es un proceso normal porque nos sentimos desvalorizados, abandonados e incluso humillados cuando la persona que amamos se aleja de nosotros, pero el camino a superar el duelo es comenzar a perdonar. Y la mayoría no estamos dispuestos a hacerlo, confundimos perdón con ir a hablar con el otro, y no necesariamente es así… el perdón es para estar en paz con nosotros mismos. Perdonar es dar gracias por el aprendizaje y todo aquello que el otro nos dio, probablemente en este momento no veamos cosas positivas pero con el paso del tiempo y al bajar el dolor veremos los aprendizajes. 

Algunos pasan años sin superar el duelo por no aceptar que perdonar al otro es lo mejor, creen que odiar y resentir los vuelve fuertes y más capaces de salir de la relación, cuando el proceso es absolutamente lo contrario. Perdonando al otro dejamos espacio para comenzar de nuevo, y eso no significa que alguien llegue inmediatamente, cada uno tiene su propio ciclo. 

Cuando comenzamos a perdonar al otro activamos nuestro propio proceso de perdón, es este último paso el que nos permite recomenzar. 




Perdonar lo que permitimos que pasara: lo que sabíamos que estaba mal pero que en ningún momento quisimos enfrentar por miedo a perder al otro, o porque pensamos que se solucionaría solo. Por aquellas acciones que pudimos haber hecho  no hicimos y aquellas que no debíamos de haber realizado. Por aquellos momentos en que no éramos felices y en lugar de buscar soluciones esperamos que el otro simplemente nos hiciera feliz… por desear que el otro nos hiciera feliz y volverlo una obligación, sin aportar nada para que supiera que hacer. Cuando se nos olvida que somos responsables de nuestra felicidad y responsabilizamos al otro de ello. Cuando exigimos tanto que se nos olvida ver lo que recibimos. Y la lista se puede alargar indefinidamente. 

Perdonarnos es vaciarnos de aquello que ya es parte del pasado, dejar la lección aprendida en nuestra experiencia y comenzar de nuevo… El amor si es para siempre, (nuestra capacidad de amar esta siempre ahí) lo que pasa es que cambia de destinatario. 

domingo, 12 de febrero de 2017

El amor ¿cura?

El amor es maravilloso y terapéutico. El problema es que confundimos al amor con quien lo administra. Cuesta entenderlo y sobretodo aceptar que nuestra persona ideal no es igual a amor… El amor es sentimiento, decisión, emoción, etc.,  no una persona. 


Cuando comprendemos que amar es un proceso que implica, mucho más allá de querer al otro, sentir que lo necesitamos para respirar, vivir y soñar, que amar es más que un quiero estar contigo y sueño con despertar a tu lado y se convierte en una decisión de luchar juntos contra las dificultades, la adversidad, los problemas, los desencuentros, entonces y solamente entonces empezamos a amar.  

La historia de la media naranja, es eso una historia para responsabilizar a otra persona de nuestra vida, felicidad, realización, etc. Somos seres completos y queremos compañía y sin duda apoyo, comprensión, aceptación, etc., sobretodo de la persona que elegimos para acompañarnos a vivir la cotidianidad. 

Hago énfasis en las palabras claves: QUEREMOS y ELEGIMOS, en ambos casos implica decidir de manera libre y voluntaria a la persona con quien vamos a compartir el amor, construirlo día a día y enfrentar los problemas que se presenten.  Eso del amor idealizado como un remanso de paz, plena felicidad para siempre, etc., es una de las visiones más dañinas y disfuncionales del amor. En una relación de pareja hay que estar plenamente consciente de que se debe trabajar para superar los problemas, que la paz requiere acuerdos y respeto a los mismos, que la fidelidad es una decisión personal y mantenerla requiere superar retos y tentaciones, que la sexualidad no es espontanea, sino que debe hablarse, negociarse y comprometerse a mantenerla viva y saludable y un muy largo etcétera.


Lo que difícilmente comprendemos es que amar a otro tiene una condición previa: amarse a uno mismo y poder estar solo. 

Pregunto ¿Para quién amas a tu pareja?, lógica respuesta: Para mí, la amo para estar conmigo, compartir, etc. De acuerdo, ahora evalúa como te tratas a ti mismo, como te cuidas y valoras, etc. Ese es el punto clave, como amamos para nosotros mismos el valor y respeto propio es la base de la forma en que amamos, tratamos y respetamos al otro. La frase bíblica es por mucho la más sabia sobre el amor: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Solamente en la medida que somos capaces de amarnos desarrollamos la capacidad de amar al otro, si nos aceptamos, valoramos, comprendemos, etc., somos capaces de hacer lo mismo por el otro. 


Ahora, enfoquémonos a entender la capacidad de estar solos. Cuando amar a otro es una decisión de compartir y sobretodo convivir y no una necesidad, el  bienestar del otro es importante, le permito ser y lo impulso a continuar desarrollándose como persona, que el otro sea pleno me hace feliz, y yo también estoy construyendo mi vida y siendo pleno. Ambos somos parte importante en la vida del otro, estamos dispuestos a negociar, cumplir, apoyar, etc., la relación. En resumen, estamos dispuestos a construir la relación, a amarnos y superarnos día a día como pareja. Construir con reciprocidad, ser presencia en la cotidianidad y sobretodo y principalmente a ver la relación como una de las inversiones más importantes de la vida (la otra son los hijos), pregúntate: El punto es que ponemos como socio de vida al otro en algo mucho más importante  que nuestros ahorros, ponemos presente, futuro, economía, sueños, etc. Todo lo que vamos a construir individual, como pareja y familia en manos de una persona dejándonos llevar por la sensación de estar “ilusionados”, por eso el amor para que sea para toda la vida debe ser una decisión. 

¿Le daría todos los ahorros de mi vida a mi pareja para que los invirtiera? Evalúa tu respuesta muy detenidamente: Algunos, lo harían sin evaluar seriamente los pros y contras, lo harías solamente porque lo quieres y te cae bien. Otros, se lo darían con miedo y casi seguro o segura que no hará algo positivo para ambos, etc. Algunas personas, inmediatamente pensaron: NO, jamás. Y hay otras posibilidades. 


El vídeo es  muy realista en la mayoría de aspectos, definitivamente en el entrelineas esta lo mejor del mensaje EL AMOR SE CONSTRUYE DÍA A DÍA, ES UNA DECISIÓN COTIDIANA Y CONSTANTE… 


Por tanto, respondo la pregunta inicial: El amor cura cuando la persona que lo administra entiende que el amor no es solamente una emoción, sino decidir día a día por el otro, con todos sus problemas y con todas sus virtudes. 

martes, 7 de febrero de 2017

VIVIR CON MIEDO

Miedo, tanto miedo a tantas cosas, sobre todo a lo que no conocemos.  Miedo a lo vivido, a que las cosas cambien, pero también a que sigan igual. Miedo a no disfrutar la vida y miedo a tomar riesgo. Así hay muchas cosas que al mismo tiempo nos atraen y les tememos. 



El miedo es parte normal de nuestra vida, es un mecanismo de sobrevivencia, nos alerta de peligros. Bien llevado se llama prudencia. Nos sirve para no asumir riesgos innecesarios, pero al mismo tiempo nos alerta de llevar a cabo las cosas sin reflexión y llevados por nuestros impulso.  Ser prudente es una “necesidad” social para desarrollarnos en los diversos ámbitos de nuestra vida, nos permite respetar al otro y al mismo tiempo nos hace respetarnos. 



Nacemos con miedos instintivos para poder sobrevivir, pero usualmente nos enseñan a qué temer desde nuestra infancia. Posteriormente las experiencias vividas y como las interpretamos van creando nuevos, desechamos algunos y otros se mantienen pese al paso de la experiencia y el conocimiento adquirido.  

Los lemas actuales se centran en enfrente sin miedo, vencer sus miedos, etc. y me parece muy bien, pero suena fácil y no lo es. E incluso muchos aseguran no temer a nada, pero cuando se profundiza en sus vidas personales el miedo está ahí, solo que escondido y agazapado en algún área no visible al mundo; si alguien afirma no haber temido algo nunca, es hora de pensar que hay alguna patología de por medio. 

Claro que hay personas que reconocen que han tenido miedo, eso sí es real y expresan como fue su lucha, e incluso hay quien expresa su deseo por salir de esa situación en la actualidad. Una de las formas más eficaces de superar es enfrentar, si enfrentar, paulatinamente, consciente de los recursos y capacidades que se poseen para hacerlo, teniendo claro que es un proceso en el cual habrá avances y retrocesos y que eso no nos vuelve menos aptos.



De las fobias hablaremos en otro momento, pero hoy nos centraremos en hablar de dos de los temores más frecuentes: el miedo al compromiso, que se expresa más abiertamente, y el temor a la soledad, que se oculta incluso de uno mismo. 

Quitemos el tabú que solamente los hombre temen al compromiso de tener pareja, es cada vez más frecuente escuchar a mujeres decir que no quieren casarse o tener hijos, es perfecto cuando se hace por convicción y enfrentan a las críticas sin temor.  Y lo mismo aplica para muchos hombres.

El temor al compromiso no se basa en ninguna convicción, sino en una emoción surgida  de una experiencia vivida como protagonista u observador cercano. Comprometerse es arriesgarse a sufrir, a exponerse al abandono o bien a las responsabilidades que implica el vínculo. Para vencerlo hay que enfrentar el dolor oculto tras ese rechazo a establecer una relación de pareja, pueden haber sido nuestros padres o una experiencia profundamente dolorosa en nuestra adolescencia o primera juventud, el punto es entender que no somos culpables de lo que paso, en una relación es siempre de dos la responsabilidad. Debemos aprender y superar nuestros errores. NO hay una sola persona que no haya vivido algún problema en el amor.  

El temor a la soledad puede vivirse desde vivencias totalmente diferentes: La primera es el no sentirnos atractivos y tener un historial de inicios de relaciones frustradas en los primero días por problemas     que se consideran absurdos o muy leves. La segunda, el aceptar cualquier persona como pareja antes de sentirnos solos, no amamos al otro, pero estar con compañía se vuelve una necesidad imperiosa que nos hace correr tras el amor.  Una tercera manifestación es el mantenernos en relaciones agotadas, toxicas o poco funcionales con tal de no estar solos.  Y finalmente, aquellos que suelen elegir parejas poco estables y que usualmente temen al compromiso, que van de relación en relación sin construir vínculos. 

Sea cual sea la situación, en el fondo el temor es el de no ser lo suficientemente dignos de ser amados. El sentimiento de ser poco querible se traduce en comportamientos que producen una profecía auto cumplida. En el temor a la soledad se da un fenómeno peculiar, la persona teme estar sola pero con su comportamiento suele alejar a los demás, es tanta su ansiedad y control sobre el otro que termina alejando a quienes ama por su inseguridad. 



Controlar estos miedos es un proceso que implica comenzar aceptando que el temor y la ansiedad no están causados por alguien o algo fuera de ti, sino basados en lo que piensas y sientes de ti mismo: La forma en que te percibes, valoras y sobre todo si te consideras digno de ser amado, apreciado y respetado define tus miedos y actitudes positivas o negativas ante la vida en todos sus aspectos. 

Una vez que tengas claras tus percepciones de ti mismo, debes realizar una “prueba de realidad”, es decir, contrastar lo que las diferentes circunstancias  te demuestran y lo que otras personas comentan sobre ti. Es importante en este punto que no te desvalorices diciendo que lo que ha ocurrido de bueno y positivo por suerte o que lo que te dicen es por lastima o quedar bien. Simplemente comienza por aceptar que así es. 

Observa como en lo anterior empezaste a ver lo negativo y de eso sí te responsabilizaste, esa actitud es la que debes aprender a manejar. La frase LO BUENO ES SUERTE Y LO MALO ES TU CULPA, en todas sus variantes es lo que te hace bajar tu motivación, autoestima y te inclina a acciones negativas. 

Vencer los miedos implica superar esta forma de pensar y empezar a actuar. A medida que actúas vas reforzando lo positivo y acercándote más a controlar tu vida, mejorar tu autoestima y darte cuenta que eres más fuerte que el miedo. 




martes, 31 de enero de 2017

CONVIVIENDO CON UNA PERSONA CON DEPRESIÓN

Para la persona que vive la depresión es un infierno, para quienes viven y comparten es también una situación confusa, extraña e incluso, enloquecedora. Vivir con alguien que padece depresión es difícil y cuando no se sabe qué está pasando es más complicado aún, sobretodo porque muchas veces se  trata mal al otro o se le exigen cosas que no puede hacer, cuando se han agotado conversaciones que no llegaron a nada, porque por mucho que se quiso acercar se terminaron sintiendo rechazados. Miles de sentimientos y pensamientos que no se logran ordenar y entender. Duele ver al otro así y no  se sabe qué hacer o cómo.


Empecemos por clarificar la depresión, la mayoría suele confundirla con tristeza, otros con el proceso de duelo, otros con estar sin energías o ver la vida negativamente; sí incluye mucho de eso pero es mucho, pero mucho, más… Vea este vídeo es realmente aleccionador para todos:



La depresión se vuelve un problema familiar donde todos aquellos que conviven  con la persona se ven afectados, cuesta entender y sobretodo cuesta vivir así, queriendo hacer algo por alguien que no acepta ayuda, que no está consciente de lo que está haciendo, aunque sabe que  algo no está bien.

 Hay muchos signos y síntomas en la depresión  solamente pueden ser observados por la persona que la padece, por tanto, aquí solamente se enlistan los que logra ver quien convive con alguno de ellos: 

Se aísla en su mundo. Si le preguntan qué  ocurre o siente: “no pasa nada” pero las cosas van cambiando paulatinamente y no para mejorar.


Cambios de humor extremo. Un día anda triste y la siguiente de mal humor, a veces pareciera que todo está bien nuevamente y a la menor cosa estalla en enojo, que no logra entenderse, y de ahí al llanto.  

Cambia su forma de alimentarse. O empieza a perder peso significativamente o lo gana. Su gusto se inclina a comer o beber alimentos dulces (en las primeras etapas), posteriormente deja de comer. Puede comenzar a realizar ingesta alcohólica o auto recetarse con vitaminas u otros medicamentos. 

Se expresa negativamente de todo. Prácticamente no hay manera de que algo les agrade y cuando le agrada una vez a la siguiente les es repulsivo o les enoja. Por mucho esfuerzo que  se haga en agradarles no es suficiente.  

 Se vuelven egoístas. NO porque lo disfruten o quieran venganza simplemente no pueden ser empáticos con los demás y sus necesidades.

Su mundo se vuelve cada vez más negro.  El proceso de pensamiento poco a poco los encierra en una percepción de la vida y su pasado muy negativa, y el futuro comienza a desaparecer. No lo mencionan o evaden el tema.

Se descalifican en todo lo que hacen: son malos estudiantes, malas parejas, malos trabajadores, etc. Por muchas pruebas que se les proporcione de que no es así.

Su vida sexual no es gratificante y paulatinamente deja de ser importante hasta desaparecer. 

Entre otras cosas, es importante que las personas que conviven con un depresivo NO LO ETIQUETEN de loco, enfermo, etc. La persona es diferente a su enfermedad, al igualarlos nuestro comportamiento hacia ellos cambia y empeora su condición. Es alguien con depresión no un ser depresivo, por favor el enfoque es vital para el manejo adecuado de la enfermedad. La consigna es YO NO SOY MI ENFERMEDAD y por tanto puede trabajar para mejorar.


Lo más importante es estar conscientes que necesitamos ayuda como pareja, como padres, hijos o familia para comprender y apoyar. NO es adecuado culparnos por lo que les ocurre o responsabilizarnos por sacarlos adelante, al final la decisión es personal, nuestro acompañamiento es parte del amor que sentimos hacia ellos. 

lunes, 30 de enero de 2017

LA GENERACIÓN BLANDA

No es que sean malas personas ni siquiera se cuestionan si lo son, básicamente ellos son personas educadas con el lineamiento: LO MEJOR DE LO MEJOR PARA MI HIJO, NO PUEDE NI DEBE FALTARLE NADA. 

La premisa anterior podría no tener ningún problema si se uniera a disciplina, orden, motivación y propósitos, pero no es así. Para ellos todo debe ser fácil,  llegar porque sí. El esfuerzo y la dedicación que debe acompañar el enfrentar las dificultades de la cotidianidad es un detonante de malestar e incomodidad, incluso de abandono constante de las actividades, aduciendo aburrimiento e incluso decepción, pero realmente es no querer hacerlo y muchas veces, la incapacidad de hacerlo. La secuela de la sobreprotección paterna los vuelve poco capaces de enfrentar y resolver un problema cotidiano en la escuela y fuera de casa. 

La sobreprotección paterna produce fragilidad en su carácter a la hora de superar las situaciones con acciones reparadoras o bien optar por salidas alternas, enfrentar la vida se vuelve un problema serio y para alguno sumamente difícil de superar, con tal de no vivir el fracaso son capaces de mentir, falsear información, etc. (es la generación de la corta y pega, el hacer Bullying para que otro haga mi trabajo, etc.) 

Tanto les dicen “no viviste lo que yo viví”, pero no están permitiendo que vivan lo que deben de vivir ellos. No permitir que nuestros hijos enfrenten sus problemas no los hace más felices, sino todo lo contrario, a mediano plazo se vuelven personas con problemas de indefensión: no saben ni cómo, ni de quién defendernos o pedir apoyo o consejo. Todo aquello que con los problemas del colegio y los amigos no es aprendido, los vuelve torpes o incapaces de ver opciones para solucionar. 

La generación blanda no acepta discursos y no suele tomar partido, para ellos estar de acuerdo con todo y aceptar todo es parte de no complicarse. Como valor y principio la apertura a todos es buena, el problema es que no está sustentada realmente en análisis y convicciones, sino en comodidad y evitar confrontar. Los nuevos valores emergentes son adecuados cuando parte de cuestionamientos y dan paso a la equidad, con la igualdad como utopía.

NO es que todo sea malo, definitivamente su capacidad de manejar la tecnología y aplicarla para hacer una vida mucho más fácil es sin duda un atributo de esta generación. La tecnología se ha vuelto parte de su existencia y no pueden estar sin ella. ¡Y está bien! Pero hay que dar el uso adecuado a esta forma de vida, facilitar acceso al conocimiento y mantenerse unido a los demás es importante en las nuevas espacios del conocimiento, pero ¡no para vivir ahí!  


Definitivamente los padres somos responsables, muchos delegamos a la computadora el entretenimiento e incluso la compañía durante muchas horas, pero la brecha generacional a muchos les ha ganado la partida, aunque parezca muy graciosa la imagen siguiente describe a reacción de esta generación blanda a sus padres: 


Aislados, sin vínculos afectivos, totalmente tecnologizados y con pocas capacidades de socializar. Contrario a lo que piensan los padres, no viven comunicándose con otros, no interactúan más allá del entorno virtual. Esta generación es individualista y poco o nada orientada a la empatía, pueden apoyar cibernéticamente pero no harán acciones más allá de esas. Aislados en su mundo virtual el trabajo en equipo, la solidaridad, empatía, entre otras no se desarrollan consecuentemente se vuelven inseguros, disfrutan poco o nada de la convivencia social. Tener lo que necesitan para continuar en su mundo virtual y lograr una vida tranquila en la red es más que suficiente para ellos.

 

Pareciera que en nuestro país, otros elementos se conjugan para hacer de la generación blanda una realidad más compleja, de la que hablaremos próximamente







martes, 17 de enero de 2017

INSEGURIDAD Y OTROS DEMONIOS… EN LAS REDES SOCIALES

¿Qué es la inseguridad? Es un sentimiento de estar constantemente en riesgo de ser dañado; es creer que estamos en peligro permanente. La inseguridad emocional es desencadenada por la percepción de sentirnos vulnerables, poco dignos de amor e incluso vivir con el pensamiento permanente de que nos dejaran, nos traicionaran o no somos suficiente para la persona que está a nuestro lado.  

Las redes sociales han puesto la inseguridad a un nuevo nivel: han subido el nivel de vulnerabilidad y sin duda alguna hacen estragos en la autoestima, la autoimagen y la valía personal. En todas ellas los like son traducidos como la aceptación de otros y no solamente de nuestras parejas, sino en general del mundo. Pero cuando el mundo nos aplaude y no nuestra pareja, el golpe es mucho mayor.  

Los psicólogos, consejeros y demás personas que trabajamos en los servicios de salud mental orientamos a que una persona no exponga su vida en las redes sociales, que tenga claro que lo que se expone está en posición de ser juzgado positiva o negativamente ante el mundo y que ello no implica que sea bueno o malo, pero la mayoría de personas no lo ve de esa manera. El fenómeno es complejo  y empeora. 


Algunas acciones que suelen realizarse en relación a las redes sociales que nos dan inseguridad:

Revisar el muro del FB, el Instagram o el Twitter  desde el principio hasta el final. Recuerde lo que no fue en su año, no le hizo daño.

Entrar con los mensajes privados y leerlos (incluso los de hace años) de cualquier red. 

Revisar todos los like de su pareja, ver quien es la persona con todo el detalle que la privacidad permite y hacerse novelas en la cabeza. Esto incluye los like de hace meses e incluso años en los que no se conocían. 

Está hablando con usted y cae un mensaje,  automáticamente pensar o decir ¿de quién es ese mensaje?, ¿para qué le estarán escribiendo? 

Estar pendiente del tiempo que está en línea, contabilizar las veces que entra y sale de línea y no responde nuestro mensaje.

Verificar la hora de la última conexión, de tu pareja, cada noche y ver en la mañana si es la misma o se conectó más tarde.

Y la fatídica lista puede continuar de acuerdo a la creatividad de cada persona… y el inseguro o insegura no se queda ahí, usualmente hace lo mismo con amistades y familia. A estas últimas en menor grado, pero si hay elementos de observación y control con la mayoría de personas.

La situación de inseguridad se detona aún más cuando la pareja está a la par de nosotros: la intensidad de la luz de pantalla, la cantidad de mensajes que caen y no ve o responde, si nos deja ver o no la pantalla, que si pone o no en silencio los mensajes, si hay conversaciones archivadas, que si borra mensajes, etc.

Sin pretenderlo muchas veces nosotros fomentamos que nuestra pareja la inseguridad por no poner los límites claros desde el principio, sino intentar ponerlos cuando ya se puede interpretar de la manera siguiente; ¿Aquí que pasa? Siempre deberíamos tener claro que los límites en una relación son parte de una relación saludable y de amor a nosotros mismos y a la pareja. Permite tener un espacio de privacidad  que toda persona necesita. Es bueno compartir, pero debemos aprender a estar solos para que el otro sea alguien que agrega a la relación, no una necesidad que nos desestabiliza si no está “incondicionalmente” (no existe la persona totalmente incondicional, aunque aparenten serlo).

Para ganar seguridad en su pareja aprenda a no necesitar la información y a separar lo que hizo con lo que hace, a no necesitar controlar porque la comunicación es tan clara que sabe que no oculta pero tampoco reporta (el reportar el peligroso ya que implica el derecho a pedir reporte).

Cuando su pareja le ofrezca darle contraseñas y demás claves tenga por seguro que se las pedirá a usted y las usara… sin duda las usara. La persona insegura suele ofrecer toda la seguridad del mundo y no ponerle límites a su privacidad, esa ofrenda de amor es una trampa mortal donde a usted le van a exigir lo mismo para que demuestre amor. Peligrosa trampa, porque al final se asfixia al otro y se siente rechazo y dolor ante sus necesidades de espacio y tiempo… Amar es un compromiso y una decisión no una pérdida de autonomía y libertad.


Trate de mejorar su seguridad emocional:

La seguridad en la pareja parte de una premisa básica: Te amo para mí. Lo que significa: te amo tanto como puedo amarme a mí mismo. Sentirse una persona amable (que puede ser amada) en básico para poder sentirse segura en pareja.

No se compare con nadie, somos maravillosamente diferentes. Nadie es mejor o peor simplemente tenemos diversos modos de ser, características distintas. Valemos lo mismo, solo no somos iguales.      

Deje de compararse con las ex de su pareja, no ganara nada más que una baja autoestima, simplemente piense que si las dejo fue por algo… y que no tiene que saber porque, no debe darle lo que ellos o ellas no les dieron, simplemente sea usted.

Confié en usted y su capacidad de ser amado: enliste las cosas positivas que tiene y valórelo. Aprenda a creer que es capaz.

No coloque una relación en redes sociales hasta que hayan pasado unos tres meses o bien hayan superado el primer problema serio. 

No haga de investigador con las redes sociales de su pareja, al final es una imagen que se quiere proyectar no lo que la persona es… a veces las apariencias engañan en este punto. 


No cree perfiles falsos para vigilar a su pareja, eso solamente lo hace sufrir  y desarrolla más inseguridad.

Finalmente, deje de publicar en las redes sociales su vida de pareja, detalle a detalla, simplemente disfrútela y hágala crecer.

















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